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La ola de denuncias de pedofilia que afectan a la Iglesia Católica parece no tener fin. En las últimas semanas el papa Benedicto XVI fue cuestionado por la prensa alemana tras haber hospedado a un cura sospechoso de pedofilia cuando dirigía la diócesis de Munich, mientras que el hermano del Papa, el obispo Georg Ratzinger, también fue manchado por serias denuncias de abuso. El hermano del Papa dirigió durante 30 años un coro infantil, en la ciudad de Regensburg, el coro Domspatzen. Se comprobó que muchos de esos niños fueron abusados por los religiosos que estaban a su cargo. Georg Ratzinger, que a pesar de haberlo dirigido durante 30 años, dice hoy no haber sabido nada de esos abusos. Pero Franz Wittenbrink, un compositor alemán que estuvo en el coro hasta 1967, dijo que el recinto estaba dirigido por “un sofisticado sistema de castigos sádicos en conexión con la lujuria sexual”. La revista Der Spiegel lo cita diciendo que era “inexplicable” que el hermano del Papa no supiera nada de lo que pasaba.
Los observadores de asuntos del Vaticano temen que los recientes sucesos desencadenen lo que ocurrió en Estados Unidos a principios del año 2000, cuando un escándalo que involucró a más de 4000 sacerdotes católicos obligó a las diócesis a pagar cientos de millones de dólares en indemnizaciones. Los escándalos implican casos en casi todos los continentes.
En América Latina
En Brasil el Vaticano suspendió a tres sacerdotes bajo sospecha de pedofilia. “Uno de ellos fue retirado de la parroquia y va a ser juzgado por la Justicia civil”, precisó el vocero de Benedicto XVI, Federico Lombardi. “Los otros dos fueron suspendidos de sus tareas eclesiásticas y están siendo sometidos a un proceso canónico por sospecha de pedofilia, pero hasta ahora niegan todo”. Las acusaciones recaen sobre los párrocos Luiz Marques Barbosa, Edílson Duarte y Raimundo Gomes.
El programa Conexao Reporter del canal brasileño SBT mostró imágenes de una cámara oculta en las que aparece el padre Luiz Marques Barbosa, de 82 años, manteniendo relaciones sexuales con un joven en el estado nordestino de Alagoas en enero de 2009. En la reveladora investigación periodística se emitieron también las declaraciones correspondientes a tres antiguos monaguillos de la parroquia, los cuales sumaron sus denuncias de abusos por parte de los párrocos.
Uno de los jóvenes denunciantes, identificado como Fabiano, contó: “Marques comenzó a tocarme, a besarme, intentando besarme en la boca, yo giraba pero él insistía. Me daba muchas ganas de vomitar. Comenzó a sacarme la ropa, a sacarme la camisa, el pantalón y también comenzó a desvestirse. Incontables veces, te aseguro que fueron muchas veces”, sostuvo ante la cámara el muchacho de 20 años.
La filmación, que conmocionó a la opinión pública en Brasil, finalizaba con la confrontación hecha por los periodistas al sacerdote Marques, el cual desmintió cualquier tipo de abuso, terminando abruptamente con la ronda de preguntas.
En Chile un sacerdote español fue detenido acusado de posesión de pornografía infantil y del abuso de por lo menos 15 menores. El clérigo, José Ángel Arregui, integrante de la congregación de San Viator, dictaba clases desde enero de 2008 en la universidad Santo Tomás de Santiago de Chile, al tiempo que trabajó como profesor de educación física y religión en siete instituciones en España entre 1992 y 2005 correspondientes a la congregación eclesiástica. La Justicia española ahora encontró videos donde Arregui, que cayó bajo detención preventiva en agosto de 2009, habría filmado los múltiples abusos a alumnos de distintos colegios religiosos en Madrid y en el País Vasco, de acuerdo con lo revelado por el diario El País de España.
Mientras, en Argentina son conocidos los casos del sacerdote Julio César Grassi, que fuera condenado a 15 años de prisión por abuso sexual de 3 jóvenes de la Fundación Felices los Niños, que él había fundado. Y el del ex arzobispo Edgardo Storni, condenado a 8 años de prisión en 2009 por abuso sexual contra menores.
Europa
En IRLANDA, el papa Benedicto XVI aceptó la renuncia de un obispo irlandés a raíz del escándalo de pedofilia en la Iglesia irlandesa. El renunciante, John Magee, de 73 años y obispo de Cloyne, había sido secretario privado de Pablo VI, Juan Pablo I y Juan Pablo II.
Magee, quien presentó su dimisión a principios de marzo de 2009, fue acusado por el Comité Nacional para la Salvaguarda de los Niños, que lo responsabilizó por no adoptar sanciones eclesiásticas contra los curas hallados culpables de abusos. El obispo es uno de los cuatro prelados que dimitieron en los últimos meses tras conocerse los dos informes oficiales irlandeses –el Informe Ryan y el Informe Murphy– que revelaron que durante 70 años centenares de niños de Irlanda sufrieron abusos sexuales por parte de sacerdotes, sobre todo en la arquidiócesis de Dublín desde 1975 a 2004.
La dimisión de Magee fue aceptada tras la Carta Pastoral enviada por Benedicto XVI a los católicos irlandeses, en la que pidió perdón a las víctimas de los abusadores. El Papa expresó su “vergüenza y remordimiento” a las víctimas de los abusos, advirtió a quienes los cometieron que deberán responder “ante Dios omnipotente y los tribunales” y reprochó a los obispos de Irlanda haber “fracasado, a veces lamentablemente”, en enfrentar el fenómeno.
En Noruega el Vaticano reconoció que el ex obispo de Oslo, Georg Muller, había abusado de un monaguillo de 10 años. El Vaticano dijo que actuó con celeridad y que Müller había renunciado por “incompatibilidades”. Pero no fue el Vaticano el que presentó la denuncia pública sino el periódico noruego Adresseavisen el que reveló el caso ocurrido hace 20 años, lo que, en apariencia, provocó la aparente celeridad del Vaticano.
La víctima, que ahora tiene 30 años, logró una indemnización de la Iglesia, sin que hubiera intervenido la Justicia noruega en ningún momento. El periódico noruego informó que la Iglesia católica noruega se comprometió a pagar al ex monaguillo un sueldo anual de entre50 mil y 62 mil euros.
En Alemania, esta situación hizo que la confianza de la población en Joseph Ratzinger, nacido en una comuna de la Alta Baviera –sudeste del país– en 1927, se derrumbara tras los escándalos por los abusos sexuales de sacerdotes alemanes, según una encuesta publicada por el semanario Stern.
Los datos de la encuesta indican que sólo el 24 por ciento confía en Benedicto XVI, frente al 38 por ciento de seis semanas antes de que se desatara el escándalo. A la vez, el porcentaje de alemanes que confían en la Iglesia Católica cayó del 29 al 17 por ciento. El panorama resulta aún más alarmante entre los católicos alemanes, entre quienes la confianza en el Papa pasó del 62 por ciento a finales de enero al 39 por ciento a mediados de marzo, y la confianza en la Iglesia cayó del 56 al 34 por ciento en el mismo periodo.
¿Cómo reacciona el Vaticano ante esta ola de denuncias?
Las altas jerarquías de la Iglesia insisten públicamente en que todo se trata de una campaña de odio contra la Iglesia. “Las fallas y errores de los sacerdotes (sic) son utilizados como armas contra la Iglesia”, declaró el el cardenal Angelo Sodano en una entrevista pactada en L’Osservatore Romano (el periódico oficial del Vaticano), donde salió por la tangente al afirmar que “es ahora una divergencia cultural: el Papa encarna verdades morales que no son aceptadas y de esta manera las fallas y los errores de los sacerdotes son utilizados como armas contra la Iglesia.”
El cardenal Tarcisio Bertone, segundo en autoridad luego del Papa, afirmó hace dos semanas en Chile que “muchos psicólogos, muchos psiquiatras, han demostrado que no hay relación entre celibato y pedofilia, pero muchos otros han demostrado, y me han dicho recientemente, que hay relación entre homosexualidad y pedofilia. Esto es verdad, éste es el problema”.
Esto generó protestas de políticos y organizaciones defensoras de gays y lesbianas. El diputado comunista chileno Hugo Gutiérrez dijo sentirse “abrumado” por las palabras de Bertone y señaló que “el celibato le hace más daño a un ser humano que una condición de homosexualidad, que es una opción que se toma libremente”. Diversos estudios sobre la pedofilia y el abuso sexual de niños y adolescentes señalan que la mayoría de estos crímenes son perpetrados por heterosexuales, sin que esto signifique que la heterosexualidad es causa de pedofilia. Pero las cuestiones relacionadas con la pedofilia son muy complejas y no pueden reducirse simplemente a la diferenciación basada en la orientación sexual de los agresores. Lo que surge como tendencia en estos estudios es que los delitos son practicados especialmente por personas que tienen proximidad, ejercen autoridad o tienen confianza en relación con los niños y adolescentes, como los padres, los familiares, los religiosos, los docentes. Que el Vaticano intente vincular la pedofilia con la homosexualidad no es más que un intento de desviar la atención del problema mayor que tiene lugar en la Iglesia Católica, el cual sí debe ser esclarecido.
No sólo la jerarquía del Vaticano se expide sobre el asunto, sino que obispos y sacerdotes en todo el mundo recurren a argumentos absurdos para explicar la pedofilia en la Iglesia y defender a la institución religiosa. Un ejemplo es el obispo de Tenerife, Bernardo Alvarez. El obispo dijo que “de los casos de abusos sexuales a menores, de cada tres, dos se dan en el seno familiar. Y no por eso hay que apartar a los niños de la familia, ni las familias son algo dañino para el desarrollo de las personas”. El obispo usó el argumento clásico de las jerarquías eclesiásticas: “Detrás de todo esto hay un interés malévolo de descalificar a la Iglesia”.
Ya en 2007, el obispo Alvarez habia desatado la polémica cuando, en entrevista con el periódico La Opinión de Tenerife, preguntó: “¿por qué el abusador de menores es enfermo?”. “Un abuso es una relación no consentida”, opinó el periodista. A lo que el superior de la Iglesia de Tenerife respondió: “Puede haber menores que sí lo consientan y, de hecho, los hay. Hay adolescentes de 13 años que son menores y están perfectamente de acuerdo y, además, deseándolo. Incluso, si te descuidas, te provocan. Esto de la sexualidad es algo más complejo de lo que parece”.
Habrá que recordar con qué vehemencia la Iglesia defendió al sacerdote mexicano Marcial Maciel, fundador de la ultraderechista y conservadora congregación mexicana de los Legionarios de Cristo, negando todas las acusaciones en su contra, hasta que finalmente quedó demostrada la perversidad de su conducta a través de reiterados abusos sexuales a menores. Mientras vivió Maciel fue uno de los hombres más protegidos y reconocidos por Juan Pablo II. ¿No habría sido mejor revisar, pedir perdón, resarcir a las víctimas, sanear y corregir todo lo necesario? ¿Las evidencias mueven a hacerse otras preguntas? ¿Nadie lo cree necesario?
Esta avalancha de denuncias puede llegar a tener consecuencias imprevisibles. Por ejemplo, en Gran Bretaña, dos reconocidos ateos se disponen a una batalla legal para que, durante su visita del 16 de septiembre a Gran Bretaña, al Papa le pase lo que hace años le pasó a Pinochet: quedar preso, acusado por “crímenes contra la Humanidad”. La amenaza fue formulada por el científico Richard Dawkins y el periodista Christopher Hitchens, célebres ateos militantes que han declarado que se trata de obligar al Papa a explicar “cómo parece que antepuso la reputación de la Iglesia Católica al bienestar de los niños”.
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